jueves, 27 de noviembre de 2008

Apocalipsis 10

La historia compartir, ocurrió en el año 155, cuando Policarpo estaba en el ocaso de su existencia. Policarpo tenía 86 años y con fidelidad había servido a Jesucristo como obispo de la iglesia en Esmirna. Pero cierto día aconteció algo que él había imaginado que pasaría, pero no sabía cuándo. Alguien tocó la puerta de su humilde vivienda. Cuando Policarpo abrió la puerta se encontró con un pelotón de soldados romanos que sin darle tiempo para hacer preguntas le arrastraron ante las autoridades romanas. Una vez ante ellas fue conminado a blasfemar contra Jesucristo, bajo la amenaza de ser quemado vivo. Policarpo se rehusó diciendo: He servido al Señor Jesús por 86 años. Él nunca me ha hecho daño. ¿Cómo puedo blasfemar contra mi Rey, mi Señor y mi Salvador? Inmediatamente fue atado a la estaca para que las llamas devoren su gastado cuerpo. Fue el fin de la vida en este mundo de Policarpo. Este episodio se repitió por miles, quizá millones entre los años 100 y 313 de nuestra era. Era el furor del imperio romano en contra de los seguidores de Jesucristo. Por eso se dice con justa razón que la sangre del mártir es la semilla de la iglesia. Es a la iglesia de Esmirna, donde Policarpo fue obispo, a la que se dirige el segundo mensaje en le libro de Apocalipsis. El pasaje bíblico se encuentra en el capítulo 2 versículos 8 a 11. El bosquejo del mensaje a la iglesia de Esmirna es muy parecido al bosquejo del mensaje a la iglesia de Efeso. La única diferencia es que en el mensaje a la iglesia de Esmirna, Jesucristo no hace ningún reclamo. Dicho esto, consideremos en primer lugar el remitente del mensaje. Apocalipsis 2:8 dice: “Y escribe al ángel de la iglesia en Esmirna: El primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió, dice esto:” En los días del Apóstol Juan, Esmirna era una ciudad portuaria saturada de actividad. Era un polo de desarrollo en su época. Se le reconocía como la puerta de entrada a Europa. Fue famosa por su riqueza y su arquitectura. Allí se encontraba el teatro más grande de Asia, así como un estadio muy famoso y una biblioteca renombrada. Esta ciudad existe hasta ahora, en la moderna Turquía, bajo el nombre de Izmir. Es la tercera ciudad en orden de importancia, sede de la prestigiosa universidad Egea, y del comando Sur de la OTAN. Dentro de esta importante ciudad en el pasado y en el presente existía una iglesia local. Una iglesia local que estaba enfrentando terrible persecución de diversas direcciones. Es a esta iglesia a la cual el Señor Jesucristo dirige su mensaje. La palabra Esmirna significa mirra, la cual es una especie aromática o un perfume. Este perfume se obtenía al moler el árbol de mirra. Algo semejante estaba sucediendo con la iglesia de Esmirna. Estaba siendo molida por la persecución, pero de ella se desprendía un grato olor, como la mirra, para su Señor. Si Usted está en medio del fuego de la prueba y lo soporta con gozo, sin queja ni resentimiento contra Dios, su vida también estará despidiendo ese suave perfume muy apreciado por su Señor. Pero note como se describe Jesucristo, el remitente del mensaje. Dice que es el primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió. Esto debió haber sido de tremendo consuelo para esa iglesia perseguida. Como primero y postrero, Jesucristo es soberano. Si él permite persecución, es porque él así lo quiere para cumplir con sus soberanos y santos propósitos. Además, Jesucristo venció la muerte, porque murió y sin embargo ahora está vivo. Por medio de él, los creyentes de Esmirna, que a lo mejor tendrían que ser martirizados, tenían la esperanza firme de que algún día ellos también iban a vivir por siempre. En segundo lugar, en cuanto a la realidad de la iglesia en Esmirna. Jesucristo dice lo siguiente en Apocalipsis 2:9 “Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás.” Aquí tenemos a Jesucristo mostrando la realidad de la iglesia en Esmirna. Jesucristo está al tanto de lo que está pasando con la iglesia. Sabía lo que la iglesia estaba haciendo, sabía la profunda tribulación por la que estaba pasando y sabía la extrema pobreza a la que había llegado. La tribulación y la pobreza fueron el resultado directo de la persecución que soportaba. Muchos fueron martirizados, otros fueron despojados de sus posesiones. A los ojos del mundo de su época, la iglesia de Esmirna era el desecho de la humanidad, pero a los ojos de Dios, eran ricos. Su tesoro no estaba en la tierra sino en el cielo. Como si la persecución romana no fuera suficiente, la iglesia de Esmirna enfrentaba también persecución de parte de los judíos que tenían su sinagoga en Esmirna. Estos judíos eran descendientes de Abraham por la carne, pero no por el Espíritu, pues no creían en Cristo como Salvador. Por eso Jesucristo afirma que estos judíos, dicen ser judíos pero no lo son, sino sinagoga de Satanás. Estos judíos se dedicaron a blasfemar contra la iglesia de Esmirna. Lo hicieron por medio de echar a rodar rumores falsos en contra de ellos. Lo hicieron por medio de falsas denuncias en contra de ellos. Se dedicaron a la ingrata labor de desprestigiar por diversos medios a la iglesia de Esmirna. Jesucristo identifica a la persona que estaba orquestando toda esta oposición. Los romanos y los judíos solamente eran títeres de él. Esta persona es Satanás. Este nombre significa adversario. Satanás es el instigador y a veces ejecutor de toda persecución a la iglesia. Luego de hablar de la realidad de la iglesia en Esmirna, Jesucristo hace una recomendación a la iglesia en Esmirna. Se encuentra en Apocalipsis 2:10 donde dice: “No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de vida.” El sufrimiento que ya había padecido la iglesia de Esmirna no era lo único que iba a padecer. Jesucristo anuncia más sufrimiento. Pero junto con el anuncio da su voz de aliento: No temas. El padecimiento será diseñado por el diablo, cuyo nombre significa calumniador o acusador. Con testimonios falsos logrará que algunos hermanos de la iglesia en Esmirna sean arrojados a la cárcel para ser probados. Allí experimentarán tribulación por diez días. Esta forma de expresión puede tener varios significados. Puede indicar que la tribulación no será para siempre, sino solo diez días. Puede indicar también que esa tribulación tendrá forma de diez brotes de tribulación, lo cual efectivamente aconteció entre el año 100 y 313 de nuestra era. Jesucristo recomienda a la iglesia de Esmirna que sea fiel aún si la muerte es el precio a pagar por la fidelidad. Sé fiel hasta la muerte. Los que tengan que pagar con la muerte el hecho de mantenerse fieles, reciben de Jesucristo la hermosa promesa de recibir la corona de vida en el tribunal de Cristo. Este es el premio para los mártires. Esta es la corona que recibirá Esteban el primer mártir de la iglesia. Es la corona que recibirá Policarpo, obispo de Esmirna y es la corona que miles o millones de mártires recibirán directamente de las manos del Señor Jesucristo. Vale la pena morir por la causa de Cristo. ¿Está Usted dispuesto a hacerlo? Si el Señor Jesucristo le conduce a morir por su causa, Él mismo le dará la fortaleza y la gracia para morir por su causa. Finalmente, en cuarto lugar tenemos la recompensa a la iglesia de Esmirna. Apocalipsis 2:11 dice: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte.” Es un sentido llamado del Espíritu Santo no solo a la iglesia de Esmirna, sino a todo creyente en general. Jesucristo habla de una recompensa para los vencedores. Estos vencedores son los que por fe han recibido a Cristo como Salvador. 1 Juan 5:5 dice: ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” Es a estos a quienes Jesucristo promete que no sufrirán daño de la segunda muerte. La segunda muerte, se refiere a la condenación eterna. Esto es lo que espera a todo aquel que rehúsa recibir a Cristo como Salvador.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Apocalipsis 9

Una pareja de enamorados estaba conversando por teléfono, el galán declaraba su amor por ella en los siguientes términos: Te amo tanto que por ti soy capaz de dar la vida, haría cualquier cosa por ti, lo que me pidas, cruzaría ríos, ascendería montañas, caminaría sobre carbones ardiendo. Entusiasmada por tan exuberante declaración de amor, la chica preguntó al muchacho: Mi amor, ¿Me vendrás a ver esta noche? Claro, responde el chico, siempre y cuando no esté lloviendo. Suena gracioso pero así es de falso y superficial el amor de mucha gente hacia Jesucristo, es amor de labios para afuera, eso fue lo que el Señor notó y denunció en la iglesia de Efeso. El pasaje bíblico se encuentra en Apocalipsis 2:1-7, comienza con una descripción del remitente del mensaje, luego pasa a describir la realidad de la iglesia, entonces hace un reclamo a la iglesia prosigue haciendo una recomendación a la iglesia y termina hablando de una recompensa a la iglesia. Recuerde las cinco “R’s” Remitente, realidad, reclamo, recomendación y recompensa.
Muy bien, vayamos a lo primero, el remitente del mensaje Apocalipsis 2:1 dice: “Escribe al ángel de la iglesia en Efeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto” Quien está recibiendo la orden de escribir es el apóstol Juan, lo que escribió está dirigido al ángel de la iglesia en Efeso, esto se refiere a la persona que como mensajero de Dios habla a nombre de Dios a los creyentes congregados en el nombre de Cristo en Efeso, o la iglesia local de Efeso, bajo César Augusto, Efeso se convirtió en la capital de la provincia romana llamada Asia, que forma hoy la parte oriental de Turquía. Fue la residencia del apóstol Juan, antes y después de su destierro en Patmos, era famosa por su templo a la diosa pagana Diana o Artemisa. Pero note como se describe a sí mismo el remitente del mensaje. Dice que es el que tiene las siete estrellas en su diestra. Según lo que vimos en Apocalipsis 1:20, las siete estrellas representan a los siete ángeles de las siete iglesias, en clara alusión a los mensajeros o los líderes o los ancianos de las siete iglesias, además, el remitente del mensaje anda en medio de los siete candeleros de oro, también en Apocalipsis 1:20 vimos que los siete candeleros de oro representan a las siete iglesias, de aquí podemos saber que la iglesia es tan preciosa como el oro para su Señor, pero observe la acción de Jesucristo, anda en medio de las siete iglesias, esto significa que Jesucristo examina con detenimiento cada detalle de marcha de cada iglesia local.
En segundo lugar tenemos la realidad de la iglesia. Apocalipsis 2:2-3 dice: “Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado.” La iglesia de Efeso tenía una apariencia externa envidiable. Jesucristo nos muestra que era una iglesia que hacía obra, era una iglesia en la cual todos los creyentes trabajaban hasta el cansancio, era una iglesia que no se detenía a pesar de la persecución, era una iglesia celosa de la sana doctrina, sabía detectar a los lobos vestidos de ovejas y los ponía en evidencia como mentirosos, era una iglesia sufrida y paciente. Y decían que todo lo hacían por amor de Jesucristo ¿Pero en realidad era así?, aquí viene el pero, Jesucristo quien no se deja impresionar por lo externo, reconoció un grave problema en la iglesia de Efeso.
Veamos en tercer lugar, el reclamo que hizo a esta iglesia, se encuentra en Apocalipsis 2:4 donde dice: “Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor.” Este es el veredicto solemne de aquel que no solo se fija en las acciones sino en las intenciones del corazón. La pasión había desaparecido, el fuego se había apagado, solo quedaban las cenizas, y eso se manifestaba en hacer las cosas por inercia, mecánicamente, por mera costumbre, la actividad era incesante, pero la razón para realizar esa actividad era cualquier cosa menos un amor genuino al Señor. La cantidad de creyentes era maravillosa, pero la calidad espiritual de esos creyentes era desastrosa, yYa no ardía en ellos la pasión por el Señor, pero ¿a qué se refiere Jesucristo cuando habla del primer amor? ¿Se lo puede describir de alguna manera?, el primer amor es el amor que tuvimos hacia Jesús la primera vez que le conocimos. Es ese amor que nos hacía latir el corazón más aprisa cuando pensábamos en él, pero no solo era emoción, era también acción. Es ese amor que estaba dispuesto a todo si la persona amada lo decía, Cuánto nos falta este tipo de amor a nuestro Señor. ¿Verdad? Siempre me he preguntado y me seguiré preguntando, ¿cuánto de lo que se hace en las iglesias locales parte de una devoción sincera y amorosa al Señor? Porque mucho me temo que la mayoría de las iglesias locales hoy en día se parecen mucho a la iglesia de Efeso. Por fuera son hermosas, por su trabajo y dedicación, pero por dentro están carcomidas por ese cáncer de haber dejado su primer amor. Es el reclamo de Jesucristo a la iglesia de Efeso. Pero luego, en cuarto lugar, viene una recomendación. Se encuentra en Apocalipsis 2:5-6 donde dice: “Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido. Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaitas, las cuales yo también aborrezco.” ¿Qué hacer para resolver ese galopante problema de haber abandonado el primer amor? Jesucristo recomienda a los creyentes de Efeso tres cosas importantes.
Primero: Recuerda. ¿Recordar qué? Pues, de dónde has caído. Es necesario hacer memoria de la frescura y fervor de nuestro primer amor hacia el Señor.
Segundo: Arrepiéntete. Esta palabra significa un cambio de mente. Implica reconocer lo frío que ha llegado a ser nuestra relación con el Señor y luego hacer todo lo posible para encender nuevamente la pasión por él.
Tercero: Haz las obras que solías hacer cuando estabas en tu primer amor. Si ha habido un genuino arrepentimiento, estas obras ya no serán un mero ejercicio mecánico de cosas aprendidas en el pasado, sino que serán una franca demostración del amor genuino y fervoroso a nuestro Señor. La decisión la tenían los creyentes de Efeso, si no se aceptaba la recomendación del Señor, había una advertencia muy seria. Jesucristo vendría pronto y quitaría el candelero de su lugar. No olvide que el candelero significa la iglesia local. Si la iglesia de Efeso fallaba en volver a encender el amor al Señor, estaba en peligro de desaparecer. Tristemente, la iglesia de Efeso no recibió la recomendación del Señor. Esto lo sabemos, porque muy pronto dejó de existir. Jesucristo había retirado el candelero de su lugar. Qué triste. Es la consecuencia de hacer cosas sin poner el corazón en lo que hacemos. Junto con la advertencia, Jesucristo tiene palabras de elogio a la iglesia de Efeso. No todo estaba mal, había cosas buenas también. La iglesia de Efeso aborrecía la obra de los nicolaítas. De estos nicolaitas se sabe muy poco. Lo más que podemos decir es que parece que se trataba de personas que obtenían ganancias deshonestas del servicio, entre comillas, a Dios. Los típicos vividores del evangelio, que siempre ha habido y ciertamente hay hoy en día.
Finalmente, en quinto lugar, Jesucristo hace una promesa de recompensa no solo a los creyentes en Efeso sino a todo creyente que lea el libro de Apocalipsis. En el capítulo 2 versículo 7 dice: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.” Es la solemne promesa de Dios a los que con sinceridad reciben a Cristo como Salvador. No para los que lo hacen de labios para afuera y mecánicamente imitan las acciones de los verdaderos creyentes. Los vencedores son los verdaderos creyentes quienes reconocen que han dejado su primer amor, se arrepienten y vuelven a ese primer amor. Jesucristo les dará a comer del árbol de la vida. El fruto es vida eterna. Estudie la Biblia a fondo, ore como nunca antes y pronto estará nuevamente en la hermosa relación del primer amor con su Salvador.

martes, 18 de noviembre de 2008

Apocalipsis 8

El pasaje bíblico que vamos a estudiar hoy se encuentra en Apocalipsis capítulos 2 y 3.
Será una introducción a esta porción de la Biblia. Como antecedente, recordemos que por inspiración divina, el libro de Apocalipsis contiene el bosquejo del libro como parte de su texto. El bosquejo del libro de Apocalipsis se encuentra en Apocalipsis 1:19 donde leemos: “Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas.” Las cosas que has visto es lo que Juan escribió en el capítulo 1 del libro, las cosas que son es lo que Juan escribió en los capítulos 2 y 3 del libro y las cosas que han de ser después de estas, es lo que Juan escribió en los capítulos 4 a 22 del libro.
Ya hemos estudiado el primer punto del bosquejo, hoy vamos al segundo punto, las cosas que son, esta frase se refiere al estado de la iglesia cristiana, desde su nacimiento en el día de Pentecostés del año que fue ascendido Jesucristo a su gloria, hasta el día cuando sea sacada de este mundo por Jesucristo, conforme a las promesas de las Escrituras. De una manera magistral, Jesucristo, el Señor de la iglesia describe la situación de la iglesia cristiana a través de siete mensajes a siete diferentes iglesias locales ubicadas en Asia Menor.
Estas iglesias locales eran reales, ¿Por qué se escogieron a estas iglesias locales y por qué fueron siete?, la razón para esto es que estas iglesias locales tenían características que de una u otra manera existen en todas las iglesias locales del mundo. Por medio de los mensajes a estas siete iglesias locales, Jesucristo sabía que estaba describiendo a todas las iglesias locales que han existido, que existen y que existirán hasta el momento que la iglesia en general sea arrebatada. ¿Por qué siete?, Pues porque siete es el número de la perfección, el número de algo completo. Los mensajes a las siete iglesias abarcan todo lo que ha sido, es y será la iglesia cristiana, espiritualmente e históricamente. Es así como las siete iglesias locales describen siete períodos históricos que juntos forman la historia general de la iglesia de Cristo. El primer período está representado por la iglesia de Efeso, la iglesia primitiva, desde Pentecostés hasta el final del primer siglo, la característica de este período es lo que podríamos llamar una tendencia al enfriamiento espiritual, la iglesia de Efeso había dejado su primer amor, la iglesia en este período histórico también manifestó esa tendencia enfermiza a dejar el primer amor, a pesar que algunos de los apóstoles estaban todavía con vida durante buena parte de ese tiempo. El segundo período está representado por la iglesia de Esmirna, describe a la iglesia perseguida, va desde el año 100 cuando se desató una furia salvaje en contra de la iglesia cristiana, hasta el año 313 cuando se terminó la persecución en la época del emperador romano Constantino.
La iglesia de Esmirna sufrió tribulación por diez días, mirando los anales de la historia de la iglesia en este período se encontrará fácilmente diez brotes de persecución a la iglesia de Jesucristo, durante este período se tiñó de sangre de los mártires el circo romano.
El tercer período está representado por la iglesia de Pérgamo, es el período de la iglesia complaciente, la iglesia mundana la han llamado otros, va desde el año 314 hasta el año 590, la iglesia de Pérgamo toleró la doctrina de Balaam, que tiene que ver con un preocupante acomodamiento a las condiciones morales y espirituales prevalecientes. Ser cristiano en este tiempo ya no era equivalente a llevar a cuestas una sentencia de muerte. Ser cristiano en este tiempo era la moda de la época, grandes números se añadieron a los registros del cristianismo, muchos de ellos, la mayoría digamos, no atraídos por Jesucristo, tampoco por la salvación que él ofrece, peor por el estilo de vida que él demanda, sino como un medio para ser aceptados en la sociedad. Bien dijo Campbell Morgan: Es increíble, cuando la iglesia fue perseguida fue una iglesia pura, pero cuando la iglesia dejó de ser perseguida fue una iglesia impura, eso es lo que caracterizó este período de la historia de la iglesia, el cuarto período, está representado por la iglesia de Tiatira, es el período de la iglesia papal. Va desde el año 590 hasta el año 1517, este período se lo conoce también como la edad oscura de la iglesia, es el período en el cual surgió un papado con plenos poderes para controlar no solo la iglesia sino también numerosas naciones en el mundo. Fue un tiempo en el cual no brilló la luz de la verdad bíblica, se lo conoce como el milenio del diablo, porque como por mil años, la gente común fue obligada a ignorar las Escrituras bajo el pretexto que la iglesia establecida es la única que tiene potestad para interpretar las Escrituras. Fue a la iglesia de Tiatira a quien dijo el Señor: Toleras a esa mujer Jezabel, que se dice profetiza, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar. Jezabel fue una mujer pagana quien se casó con uno de los peores reyes de Israel, esta mujer controló al rey como si fuera un títere, para apartar lo más lejos posible al pueblo de su Dios verdadero, esto fue lo que pasó en esta época de oscurantismo espiritual. La iglesia se hallaba lo más lejos posible de Dios.
El quinto período está representado por la iglesia de Sardis, es la iglesia rescatada de las cenizas, va desde el año 1517 hasta el año 1700. O sea desde el 31 de Octubre de 1517 cuando Martín Lutero clavó sus 96 tesis en la puerta de la iglesia de Wittemberg hasta el año 1750. Pero los reformadores, aunque trajeron aire fresco a la iglesia corrompida, no lograron llevar a feliz término su obra, en este período de la historia de la iglesia ocuparon un lugar preponderante hombres como Wycliff, Huss, Lutero, zwinglio, Knox, Calvino y muchos más no tan conocidos como los citados.
El sexto período está representado por la iglesia de Filadelfia, es la iglesia misionera, con una gran fortaleza espiritual pero en constante enfriamiento. Va desde 1700 hasta 1900. Durante este tiempo la iglesia experimentó una pasión ardiente por llevar el evangelio a todo el mundo, fue aquí cuando surgieron los grandes movimientos misioneros a los lugares más recónditos del mundo, precursores de este esfuerzo fueron hombres como los hermanos Wesley, Carlos y Juan, D. L. Moody, Ira Sankey, Finney, William Carey, David Livingstone, Hudson Taylor y tantos más quienes no escatimaron esfuerzo alguno para llevar el evangelio a todo el mundo. Tristemente este ímpetu se fue debilitando a medida que pasaba el tiempo, y se fue abriendo paso el séptimo y último período de la iglesia.
Está representado por la iglesia de Laodicea, es la iglesia tibia, va desde 1900 y durará hasta que el Señor venga a las nubes a llevar a los que son en realidad suyos. El Señor dijo a esta iglesia,. yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente, ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca, el Señor está tomando la temperatura a la iglesia de hoy en día, no es fría ni caliente, es tibia, significa una iglesia que tiene un pie en el mundo y el otro pie en las cosas de Dios, significa una iglesia que quiere lo mejor que puede obtener en el mundo y a la vez lo mejor que puede tener de Dios, es una iglesia que olvida que el amor al mundo es equivalente a declarar la guerra a Dios, es una iglesia que se ha hecho amiga del mundo, desconociendo que al hacerlo se ha constituido automáticamente en enemiga de Dios es la iglesia del acomodo,esta es la condición espiritual de la iglesia hasta cuando venga Jesucristo en las nubes.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Apocalipsis 7

¿Se ha desmayado Usted alguna vez? Los que nunca lo hemos experimentado, no sabemos lo que ello significa. Si Usted se ha desmayado alguna vez, ¿Cuál fue la razón? ¿Una caída? ¿Un golpe fuerte? ¿Hambre? ¿Cansancio? ¿Una noticia inesperada? ¿Ira?, Algo parecido a eso fue lo que le ocurrió al personaje de quien hablaremos en el estudio bíblico de hoy.
Apocalipsis capítulo 1, versículos 17 a 20. Como antecedente recordemos que el Apóstol Juan acabó de contemplar la más extraordinaria manifestación de Jesucristo en su gloria celestial que se pueda imaginar. Con la ayuda del Espíritu Santo, Juan nos describió en detalle lo que sus ojos percibieron con claridad meridiana, es a raíz de este evento que aparece el pasaje que vamos a estudiar en esta ocasión, allí vemos la reacción del Apóstol, la recuperación del Apóstol, el recado al Apóstol y la revelación al apóstol.
En cuanto a la reacción del Apóstol la primera parte de Apocalipsis 1:17 dice: “Cuando le vi, caí como muerto a sus pies” Impresionante, al ver la gloria y magnificencia de Jesucristo, Juan simplemente se derritió en su presencia. El instante siguiente, Juan se hallaba cuan largo era a los pies de Jesucristo, allí, rostro en tierra, Juan estaba paralizado de asombro ante la grandeza de su amado Salvador, por su propio testimonio, Juan dice que había caído a los pies de Jesucristo como muerto, Juan no fue el primero en caer rostro en tierra ante la magnificencia de Dios, es la reacción humana al temor reverencial que infunde la gloria de Dios.
Abraham cayó rostro en tierra cuando Dios le habló, Moisés escondió su rostro ante la presencia de Dios, Balaam inclinó su cabeza y cayó rostro en tierra, Isaías vio al Señor sentado sobre un trono alto y sublime y clamó a gran voz "Ay de mí, que soy muerto", los tres discípulos se postraron sobre sus rostros al ver la gloria de Jesucristo en el monte de la transfiguración, Saulo de Tarso cayó a tierra cuando le rodeó el resplandor de la gloria de Jesucristo. Es la reacción natural del hombre cuando es confrontado con la grandeza de Dios. Juan no estaba dando espectáculo con su caída, estaba solo ante Jesucristo, no había a su alrededor ojos ávidos de ver cosas sobrenaturales, ni cámaras de televisión, como para que Juan aproveche de la situación, tampoco fue necesario que alguien le toque para que se caiga o que alguien le sople para que se caiga o que alguien ordene que se caiga, nada de esto, lo que pasó con Juan fue simplemente una reacción natural al contemplar la extraordinaria grandeza de Dios.
Así que, tenemos a Juan inmóvil, como muerto, a los pies de Jesucristo. En segundo lugar, tenemos la recuperación del Apóstol. Apocalipsis 1:17 en su segunda parte y el versículo 18 dice así: “Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén; y tengo las llaves de la muerte y del Hades.” Qué interesante, mientras la gente toca para que alguien se caiga, Jesucristo toca para que alguien se levante. Eso es lo que hizo Jesucristo con el Apóstol Juan quien estaba a sus pies como muerto, es el toque de la seguridad, el toque que transmite confianza, el toque que restaura el vigor para enfrentar la vida con optimismo. ¿Ha experimentado Usted este toque mi amigo? Jesucristo está dispuesto a darlo a todos los que en él confían. Si Usted se encuentra asombrado por lo que pasa a su alrededor, abatido por las pruebas, derrotado por el pecado, deje que Jesucristo le toque con su diestra, para eso, usted tiene que estar en la posición en la que estaba Juan, a los pies de Jesucristo, en adoración genuina.
Además de tocarle, Jesucristo habló a Juan, lo primero que dijo es muy significante: No temas. A lo mejor como Isaías en antaño, Juan habrá estado pensando. Ay de mí, que soy muerto, porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. Lo que más necesitaba Juan era una voz de ánimo, una voz de aliento. Las palabras: No temas, que Jesucristo dijo a Juan debieron haber sido para él como una descarga de alto voltaje que le devolvió el ánimo que tanto necesitaba. Luego Jesucristo se identificó a sí mismo; Le dijo: Yo soy el primero y el último, él es todo suficiente, no hay nadie antes de él y no hay nadie después de él, no hay nada antes de él y no hay nada después de él primero y último es uno de los calificativos que se atribuye al Padre, esta es una fuerte evidencia a favor de la deidad de Jesucristo. Además Jesucristo dijo a Juan: Yo soy el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Él es el que venció la muerte.
Jesucristo se describió a sí mismo como el que tiene las llaves de la muerte y del Hades; Él es todopoderoso, la posesión de las llaves denota poder, Jesucristo tiene poder sobre la muerte, cuando un creyente muere es porque Jesucristo ha hecho uso de las llaves que él tiene sobre la muerte. Para Jesucristo no hay accidentes. Bien dice su palabra en Salmo 116:15 “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos". Ningún creyente morirá ni un segundo antes, ni un segundo después que Jesucristo lo determine, Jesucristo tiene poder sobre el Hades o el lugar donde habitan los muertos, mientras esperan su resurrección y su posterior lanzamiento al lago de fuego, solo él sabe cuando saldrán de ese lugar de tormento en fuego para ser lanzados al lago de fuego, con estas palabras Juan fue restablecido, ahora estaba listo para recibir el recado que Jesucristo tenía para él. Consideremos el recado para el Apóstol. Apocalipsis 1:19 dice: “Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas”, en este pasaje bíblico encontramos el bosquejo del libro de Apocalipsis; . Es el único libro de la Biblia que contiene un bosquejo divinamente inspirado como parte de su texto.
La primera parte del libro se denomina las cosas que has visto, esto está en el capítulo 1 del libro y tiene que ver con lo que Juan experimentó en la isla de Patmos.
La segunda parte del libro se denomina las cosas que son; Esto está en los capítulos 2 y 3 del libro, y tiene que ver con la situación de la iglesia en todos los tiempos.
La tercera parte del libro se denomina las cosas que han de ser después de estas; Esto está en los capítulos 4 a 22 del libro y tienen que ver con los eventos que acontecerán después del período de la iglesia.
Finalmente en Apocalipsis 1: 20 encontramos la revelación de un misterio al Apóstol. Dice así: “El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias.” Juan había visto a Jesucristo en medio de siete candeleros de oro, teniendo en su mano derecha siete estrellas, esta forma simbólica de representar cosas, es revelada al apóstol.
Se va a revelar un misterio, o algo que hasta ese momento había estado oculto, comencemos por lo más sencillo:
Los siete candeleros de oro representan a siete iglesias que más adelante serán analizadas con mucho detalle. Las estrellas en la mano derecha de Jesucristo, representan a los ángeles de las siete iglesias. ¿Quiénes son estos ángeles? ¿Serán los seres espirituales creados por Dios para servicio de los que serán herederos de la salvación como dice Hebreos?; algunos piensan que sí, pero otros, piensan que estos ángeles son una referencia a los voceros de cada una de las siete iglesias, por medio de quienes Jesucristo, el Señor de la iglesia, estaba por comunicar un mensaje, La palabra ángel significa también mensajero.
Los capítulos 2 y 3 de este libro nos comunican el mensaje que tenía que entregar estos voceros.

martes, 11 de noviembre de 2008

Apocalipsis 6

Si tiene una Biblia a la mano, le invito a abrirla en el libro de Apocalipsis capítulo 1, versículos 12 a 16.
Esta es la segunda sección de la primera parte del libro de Apocalipsis. En la primera sección, Juan nos relató que estaba en el Espíritu en el día del Señor. Esto significa que por el poder del Espíritu Santo, Juan fue transportado sobrenaturalmente de la esfera terrenal a la esfera celestial, para ver los eventos que tendrán lugar en lo que la Biblia llama el día del Señor. El día del Señor es el período en el cual Dios derramará su ira sobre este mundo incrédulo y establecerá un gobierno soberano en esta tierra con Jesucristo como Rey. El día del Señor comienza con la tribulación y termina con el juicio del gran trono blanco. Incluye la segunda venida de Cristo y el milenio, entre los eventos más importantes. En estas circunstancias, Juan oyó detrás de él una gran voz como de trompeta, que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea. Era el Señor Jesucristo, en su estado glorificado, quien como Dios Soberano y Todopoderoso estaba ordenando a Juan que registre en un libro todo lo que estaba viendo y que envíe ese libro a las siete iglesias ubicadas en Asia Menor. Juan debe haber estado asombrado por lo que estaba pasando. El pasaje bíblico que nos corresponde estudiar el día de hoy tiene que ver con lo que sucedió inmediatamente después. Lo hemos titulado: El contenido de la visión. Lo que notamos en primer lugar es a Juan dándose vuelta para ver. La primera parte de Apocalipsis 1:12 dice: “Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo” Hasta este momento, Juan había escuchado la gran voz como de trompeta, pero no había visto a la persona que la emitía, porque estaba detrás de él. Era natural que haga lo que hizo. Se volvió para ver la voz que hablaba con él. Al contemplar lo que tenía ante sus ojos debió haberse quedado extasiado. En segundo lugar notamos a Juan describiendo lo que vio. Sus ojos se dirigen primeramente al entorno. La segunda parte del versículo 12 dice: “Y vuelto, vi siete candeleros de oro” Se trata de candeleros portátiles de oro que sostenían pequeñas lámparas de aceite. Cada candelero representa a cada una de las siete iglesias desde donde irradiaba la luz de la vida. Esto lo sabemos por lo que leemos al final del versículo 20 del mismo capítulo donde dice: “y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias” El número siete en la Biblia representa algo completo, de modo que estos siete candeleros representan a todas las iglesias en el mundo. El hecho que estos candeleros sean de oro, significa que las iglesias locales son preciosas para el Señor. Sin importar su tamaño o el lugar donde están, aún sin importar las imperfecciones, toda iglesia local es como oro para el Señor. Luego de mirar el entorno, Juan dirige su mirada a la estrella en ese entorno. La descripción que provee el Espíritu Santo de la estrella en ese entorno es comparable a un artista que va plasmando en los lienzos su obra maestra. Cada palabra, cada frase, cada idea es como una pincelada maestra que va añadiendo detalle a la gloria de persona de Jesucristo. Deje que el pulso de su corazón se acelere mientras escucha este impactante pasaje. Apocalipsis 1:13-16 dice: “y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.” Hermoso, ¿no le parece? Permítame explicarlo. Primero, uno semejante al Hijo del Hombre. Hijo del Hombre es el título favorito de Jesús cuando hablaba de sí mismo. Su uso nos lleva de regreso al libro de Daniel cuando el Hijo del Hombre recibe dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido. Interesante que Juan dice que vio a uno semejante al Hijo del Hombre. Esto nos comunica que el Jesús que Juan conoció y no había visto por alrededor de sesenta años no había cambiado su apariencia externa. Juan le reconoció. La resurrección y el tiempo transcurrido no cambiaron las facciones de Jesús.
Segundo, uno que está vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Esta no es la forma de vestir de una persona común y corriente. Esta vestimenta era la forma de vestir del Sumo Sacerdote. El cinto de oro que llevaba ceñido por el pecho completa el cuadro de Jesucristo sirviendo en su función sacerdotal. Aquí podemos ver a Jesucristo como el gran Sumo Sacerdote.
Tercero, uno cuya cabeza y cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve. Esta descripción es similar a la del Anciano de días de quien nos habla Daniel 7:9. Cuando Juan habla de blanco como blanca lana, como nieve, no se está hablando del color blanco, sino de algo que brillaba con luz refulgente, como la nube de gloria con la cual se manifestaba Jehová en el Tabernáculo. Esta luz representa la pureza y santidad de su carácter. Aquí tenemos a Jesucristo como el Anciano de Días.
Cuarto, uno cuyos ojos eran como llama de fuego. Esto significa que Jesucristo está en capacidad de ver absolutamente todo. Nada se puede esconder de su inquisitiva mirada. Sus ojos son como de rayos láser que pueden penetrar los lugares más recónditos de la iglesia. Es imposible esconderse de él. Él conoce las acciones y las intenciones del corazón. Por tanto, Jesucristo puede juzgar con rectitud. Aquí tenemos a Jesucristo como Juez.
Quinto, uno cuyos pies eran semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno. Uno del mobiliario del templo era el altar de bronce, donde se ofrecía el sacrificio por el pecado. Los utensilios también estaban hechos de bronce. Los pies de Jesucristo, de bronce bruñido, refulgente como en un horno, nos habla del juicio por el pecado. Los pies de bronce bruñido, refulgente como en un horno nos hace pensar que Jesucristo camina entre su iglesia para ejercer disciplina por le pecado.
Sexto, uno cuya voz era como estruendo de muchas aguas. La voz de Jesucristo, clara y distinguible como el sonido de la trompeta, además era tan potente como el estruendo de muchas aguas. Esto representa la autoridad de su palabra.
Séptimo. Uno que tenía en su diestra siete estrellas. El versículo 20 nos informa que estas estrellas significan los ángeles de las siete iglesias. Estos ángeles son los mensajeros de las siete iglesias. Esto denota que Jesucristo tiene control sobre los líderes de las iglesias locales, quienes gozan de total seguridad en su mano derecha.
Octavo, uno de cuya boca salía una espada aguda de dos filos. La palabra espada no es la que se refiere al arma corta de defensa que aparece en Efesios 6:17 sino al arma larga que el soldado usaba para atacar. Esto representa a Jesucristo ejerciendo castigo ejemplar a los pueblos y naciones que le han rechazado y han atacado a su iglesia.
Noveno, uno cuyo rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza. Esto representa la gloria de su carácter, y es una referencia a Malaquías 4:2 donde se describe a Cristo como el Sol de Justicia. Él es la fuente de toda energía. Lo que el sol es para la naturaleza, es Jesucristo para la vida espiritual. Como la naturaleza no podría existir sin el sol, ni tendría vida alguna, así tampoco hay vida espiritual alguna en aquellas almas donde no han llegado los rayos del Sol de Justicia que es Cristo. Hermosa descripción de nuestro amado Jesucristo. Cuando Juan contempló todo esto, cayó como muerto a los pies de Jesucristo. Es la posición del adorador sincero. ¿Lo adorará Usted también de esta manera?

lunes, 10 de noviembre de 2008

Apocalipsis 5

El servicio al Señor no es garantía de comodidad en la vida. De esto nos da amplio testimonio la palabra de Dios, veremos ahora un caso impactante en el estudio que estamos haciendo del libro de Apocalipsis.
La porción bíblica para nuestro estudio bíblico de hoy se encuentra en Apocalipsis 1: 9-11. Pero antes de entrar a un análisis de esta porción bíblica, es necesario indicar que el libro de Apocalipsis se divide en tres partes. La división aparece claramente en Apocalipsis 1:19 donde dice: “Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas.”
La primera parte, las cosas que has visto. Apocalipsis 1:9-20.
La segunda parte, las cosas que son, Apocalipsis 2 y 3 y la tercera parte, las cosas que han de ser después de estas, Apocalipsis 4 a 22.
La primera parte gira en torno a la visión de Juan en la isla de Patmos. La porción que nos corresponde estudiar el día de hoy es la primera sección de esta parte. Bien podríamos llamarla las circunstancias de la visión. Leamos Apocalipsis 1:9 donde dice: “Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo” Varias cosas dignas de tomarse muy en cuenta aparecen en este versículo, vemos que la persona quien recibió la visión se identifica a sí mismo como Juan, se trata del apóstol Juan, el mismo que escribió el Evangelio que lleva su nombre y las tres cartas que también llevan su nombre. Este Juan es el sencillo y humilde pescador, hijo de Zebedeo y hermano de Jacobo. Su vida dio un giro de 180 grados cuando conoció a Jesús. Juan es el discípulo amado, quien tuvo el privilegio de recostarse sobre al lado de Jesús en la última cena. Ahora, cuando recibe la visión era un anciano, debe haber tenido más de 90 años. Pero note la humildad de este gran hombre. Al identificarse a sí mismo no antepone el gran título de Apóstol, sino que opta por describirse a sí mismo de una manera sencilla pero hermosa. Es simplemente un hermano. La grandeza de carácter no lo dan los títulos que se adquiere sino las acciones que se practican. Hermano es el calificativo más sublime que un creyente puede anteponer a su nombre. El gran apóstol Juan prefería que le llamen simplemente hermano, además Juan da testimonio que es copartícipe de otros creyentes en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo. Juan había recibido su dosis de tribulación en la obra del Señor y era copartícipe de todos aquellos que somos atribulados en la obra del Señor. Pero Juan también era parte del maravilloso reino del que el Señor es el Rey y por tanto era copartícipe de todos aquellos que también somos parte de ese reino. Además Juan anhelaba con todo su ser ver de regreso a su amado Jesucristo y por tanto es copartícipe de todos aquellos que con paciencia esperamos la venida de nuestro Salvador. Luego Juan nos da un informe detallado de su situación cuando recibió la visión. Dice que estaba en la isla llamada Patmos. No estaba de vacaciones. La isla de Patmos no era una isla a la que alguien desearía ir por su propia voluntad. Era una isla árida, de origen volcánico, rocosa, con escasa vegetación, un lugar inhóspito a unos 24 kilómetros de Efeso en el mar Egeo, mide apenas 15 kilómetros de largo por 10 kilómetros de ancho. En esta isla se estableció una especie de prisión para peligrosos delincuentes, era equivalente a estar en Siberia en pleno invierno. Allí estaban las galeras en las cuales los presos trabajaban hasta el agotamiento sin las más mínimas comodidades. La alimentación era escasa, los presos vestían harapos, muchos de ellos tenían que dormir en húmedas y oscuras cavernas, algunos de los presos eran tan peligrosos que era mejor estar lo más lejos posible de ellos. La soledad era el mejor compañero, Juan, a sus 90 años llegó a este lugar. ¿Por qué? El texto dice que fue por la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. Juan llegó a esa Isla como resultado de la persecución por el solo hecho de seguir y servir a Jesucristo. La tradición dice que Domiciano el feroz emperador romano tomó preso a Juan y para acabar con su vida ordenó que le arrojen en aceite hirviendo, sin embargo, Juan no murió, de una forma milagrosa, su vida fue preservada, Domiciano se asustó tanto por este hecho que no se atrevió a intentar matarlo nuevamente, pero le desterró a la inhóspita isla de Patmos. En esa isla desierta y rodeado de tantos peligros, Juan pudo haberse quejado contra Dios, a lo mejor Juan pudo haber dicho a Jesucristo: Te he seguido y te he servido toda mi vida hasta la vejez y ahora que estoy viejo ¿Por qué me tratas así? O a lo mejor Juan pudo haber dicho a Jesucristo: Ya soy demasiado viejo. Es hora que me des algo de comodidad en mi vejez. Pero Juan no oró así ni pensó así. Juan sabía que seguir y servir a Jesús tiene su precio. Ese precio es la persecución o la incomprensión o la oposición y Juan estuvo siempre dispuesto a pagarlo, seguir y servir a Jesús no garantiza que vamos a vivir con comodidad en este mundo.
Vamos ahora a leer Apocalipsis 1:10-11. Dice así: “Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea.” Cuando Juan dice que estaba en el Espíritu en el día del Señor, no significa que Juan estaba lleno del Espíritu Santo en un día Domingo en algún culto dominical. En la isla de Patmos no había iglesia porque aparte de Juan no había creyentes. Además, Juan estaba lleno del Espíritu Santo también de Lunes a Sábado, no sólo los Domingos. Lo que dice Juan es que por el poder del Espíritu Santo fue transportado de una manera sobrenatural de la esfera material a la esfera celestial, donde recibió la revelación de Jesucristo para ser registrada en un libro. Cuando Juan dice que estaba en el día del Señor, quiere decir que los eventos que estaba por ver tienen relación con lo que la Biblia llama el día del Señor, lo cual es algo diferente al día Domingo. El día Domingo en la Biblia se conoce como el primer día de la semana, el día del Señor significa el período de tiempo en el cual Dios derramará su juicio sobre este mundo incrédulo e impondrá su gobierno soberano. Visto así, El día del Señor se extiende desde el comienzo mismo de la tribulación y termina con el juicio del Gran Trono Blanco, incluyendo la segunda venida de Cristo y el reino milenial, si algunos de estos términos son un tanto oscuros para Usted, no se preocupe que a medida que avancemos con el estudio de Apocalipsis se irán aclarando. La primera experiencia de Juan en el Espíritu en el día del Señor, es oír detrás de él una gran voz como de trompeta. Esto significa que era un sonido claro e inteligible, se podía entender perfectamente, el mensaje retumbó en los oídos de Juan, decía así: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Esta es la forma como Jesucristo se describió a sí mismo, en él se encierra todo, el es el eterno y preeminente Dios, luego Juan recibió una orden de Jesucristo: La orden decía así: Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias en Asia: A Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea. Lo que Juan estaba por recibir es el libro de Apocalipsis. Ahora Juan sabía que debía registrar todo lo que estaba por ver en un libro, el cual, debía ser enviado a siete iglesias ubicadas en lo que hoy es Asia Menor.

Apocalipsis I (7 y 8)

El pasaje bíblico para hoy se encuentra en Apocalipsis 1 versículos 7 y 8. Un pasaje corto pero repleto de hermosa enseñanza para nuestras vidas. Como antecedente, el apóstol Juan estaba saludando a las siete iglesias que estaban en la provincia romana de Asia, territorio que en la actualidad se conoce como Asia menor. El saludo era sencillo: Gracia y paz a vosotros. Sin gracia no puede haber paz, porque la paz verdadera resulta del cambio interno en el ser humano, lo cual es una obra de gracia de Dios cuando el ser humano recibe a Cristo como Salvador. El saludo de Juan, fue a nombre de la Trinidad. El Padre se presenta como el que es y que era y que ha de venir. El Espíritu Santo se presenta como los siete espíritus que están delante del trono del Padre, en clara alusión a la perfección y plenitud de su poder. El Hijo se presenta como el testigo fiel, como el primogénito de los muertos, como el soberano de los reyes de la tierra y como el que nos amó y nos lavó de nuestros pecados por su sangre y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios su Padre. Juan invitó a adorar al Hijo con las palabras: A él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén. Es en este punto que se inscribe el pasaje que vamos a estudiar en esta ocasión. Como es de esperarse, por cuanto el libro de Apocalipsis es la revelación de Jesucristo en la magnificencia de su gloria, el centro de atención es la persona de su Jesucristo. En estos dos versículos se nos hablará sobre el regreso de Jesucristo y la revelación de la gloria de Jesucristo.
Vayamos a lo primero. El regreso de Jesucristo. Apocalipsis 1:7-8 dice: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.” Cuando Juan escribe esas dos palabras: “He aquí”, tiene en su mente el propósito de llamar poderosamente la atención de los lectores. Es como si hoy en día dijéramos. “Mire” o “atienda” o “Fíjese” Cualquier palabra que nos haga dejar a un lado cualquier cosa que hayamos estado haciendo o pensando y nos haga concentrar en el asunto que quiere comunicar. Lo que Juan quiere comunicar es algo grandioso. Tiene que ver con el retorno de Jesucristo. Pero ¿Por qué estamos hablando de un retorno? Pues porque Jesucristo vino por primera vez hace como dos mil años atrás. Su primera venida fue en humillación. Vino para ser el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Como Cordero fue sacrificado y su sangre nos lavó de nuestro pecado. Pero él no quedó en una tumba sino que al tercer día resucitó de entre los muertos. Habiendo vencido la muerte fue ascendido a la gloria que compartió con su Padre desde la eternidad pasada. Mientras sus discípulos miraban estupefactos su partida, dos varones con vestiduras blancas se pusieron junto a ellos y les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo. Esta es una promesa que todos los creyentes anhelamos ver cumplida. De cierto se cumplirá en el tiempo señalado por Dios. Será el retorno de Jesucristo. Es de este evento que nos habla Juan en el Apocalipsis. Juan dice que Jesucristo vendrá con las nubes. Cuando él se fue, fue alzado y le recibió una nube que le ocultó de los ojos de sus discípulos. Cuando él venga por segunda vez, también vendrá con las nubes. Pero estas nubes no serán nubes ordinarias. Dice Daniel 7:13 “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre” Se trata de nubes del cielo, no de nubes ordinarias. Estas nubes del cielo son nubes de gloria. En el Antiguo Testamento, Dios se manifestaba en una luz refulgente, llamada Shekina que significa la nube de gloria. Nadie podía ver esta nube a simple vista y continuar con vida, por eso se necesitaba de un velo para cubrirla. Pero cuando Jesucristo regrese a la tierra esta nube de gloria o la Shekina será totalmente visible. Además Juan dice que todo ojo le verá.
La segunda venida de Jesucristo no será en secreto, será de dominio público, todo ojo le verá.
La segunda venida de Jesucristo será corporal, todo ojo percibirá su venida en todo el mundo, los que vean la segunda venida de Cristo, son los que le traspasaron y todos los linajes de la tierra. Los que le traspasaron no se refiere a los soldados romanos que clavaron a Jesús a la cruz donde fue crucificado, es una referencia a la nación de Israel, nación que rechazó y finalmente llevó a la cruz a Jesucristo en su primera venida.
Pero ¿Cuál es la reacción de los que le traspasaron y de todos los linajes de la tierra? Dice el texto leído que harán lamentación por él, el libro del profeta Zacarías nos habla del motivo para el lamento en el pueblo de Israel. Zacarías 12:10 dice: “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.” Israel llorará de arrepentimiento porque reconocerá que Aquel que fue crucificado por ellos es el verdadero Cristo, el Mesías, el Rey eterno de Israel. Este arrepentimiento conducirá a muchos judíos a una reconciliación con Jesucristo. Los linajes de la tierra llorarán a gritos no por estar arrepentidos sino por el terror que les producirá saber que Jesucristo viene a derramar su juicio sobre ellos. Pero ¿Qué pasará con los creyentes que estén vivos cuando Jesucristo venga por segunda vez? Bueno, ellos estarán diciendo: Sí, amén. Ven Señor Jesús. Luego de hablarnos del retorno de Jesucristo, Juan nos habla de la revelación de la gloria de Jesucristo. Apocalipsis 1:8 dice: “Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.” Esta es una de las descripciones más hermosas de la persona de Jesucristo. Él es el Alfa y la Omega. Alfa es la primera letra del alfabeto griego, Omega es la última letra del alfabeto griego, el alfabeto es una forma ingeniosa de almacenar y diseminar el conocimiento, las letras del alfabeto en cualquier idioma sirven para dar a conocer todo lo que se quiera y para comunicar todo lo que se quiera. Jesucristo es el supremo y soberano alfabeto, nada escapa de su conocimiento, por eso su segunda venida, como ha sido ya descrita, es un hecho totalmente seguro. Además, Jesucristo es el principio y fin, el tiempo no tiene efecto contraproducente para él, el es el mismo al principio, no importa cuan distante en la eternidad pasada queramos ubicar el principio. él es el mismo al final, no importa cuan distante en la eternidad futura queramos ubicar el fin. En otras palabras Jesucristo es eterno.
Además Jesucristo es el que es y que era y que ha de venir. Jesucristo es el que existe en sí mismo. El yo soy el que soy. Finalmente Jesucristo se presenta como el Todopoderoso. Esto significa que tiene poder supremo. Nada ni nadie es más poderoso que él, Nada es imposible para él, Puede hacer todo lo que esté de acuerdo con su carácter, No existe poder en el mundo o fuera del mundo que pueda estorbar sus propósitos, El mirar la gloria de su persona, nos motiva a decir como Juan: A Él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén. Recuerde lo que dijo Juan: Porque el tiempo está cerca.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Apocalipsis I (4 al 8)

El pasaje bíblico que nos corresponde estudiar el día de hoy se encuentra en Apocalipsis 1:4-8 Este pasaje bíblico es el saludo del libro de Apocalipsis. En el saludo encontramos un mensaje muy importante para nuestras vidas. Lo que primero notamos es el portador del saludo. La primera palabra del versículo 4 lo identifica. Su nombre es Juan. De él hablaremos con mayor detalle a medida que avanzamos en el estudio del libro de Apocalipsis, pero por ahora, bástenos saber que se trata del apóstol Juan. Luego de identificar al portador del saludo, identifiquemos a los receptores del saludo. El versículo 4 continúa diciendo: “a las siete iglesias que están en Asia” Juan tiene en mente a siete iglesias locales que se encontraban en la provincia Romana llamada Asia en aquel tiempo. Este territorio es lo que hoy se conoce como Asia menor, en donde se ubica Turquía. Los capítulos 2 y 3 del libro de Apocalipsis identifican por nombre a estas siete iglesias locales y cada una de ellas recibe un mensaje de aplicación eterna. Tanto el saludo, como los posteriores mensajes, fueron dirigidos a los creyentes en cada una de esas siete iglesias locales y de una manera indirecta también a nosotros, los creyentes de la actualidad, aunque no somos parte de ninguna de esas siete iglesias locales. Hemos identificado ya al portador del saludo y a los receptores del saludo. Identifiquemos ahora al saludo propiamente tal.
Allí en el versículo 4 aparecen estas palabras: “Gracia y paz a vosotros” Este es un saludo importante, gracia significa favor no merecido paz es un estado del alma que se manifiesta por tranquilidad y sosiego, opuestos a la turbación y las pasiones. La paz de la cual habla la Biblia es el resultado de una transformación interna que se opera en la persona que confía en Cristo y le recibe como Salvador, por esto es de vital importancia el orden que aparece en el saludo. Primero la gracia, el favor no merecido por el cual el hombre es transformado en una nueva criatura mediante el sacrificio perfecto de Cristo en la cruz. Segundo, la paz. Es el resultado de la gracia. Es ese estado de ánimo de tranquilidad y sosiego, opuestos a la turbación y a las pasiones. Si Usted no tiene paz en su vida, es muy probable que la razón para ello sea porque Usted todavía no ha sido transformado por Dios mediante el sacrificio de Cristo en la cruz. Si ese es su caso, hoy mismo reciba a Jesucristo como su Salvador y Usted disfrutará de esa paz que solamente Dios sabe dar. Tenemos identificados al portador del saludo, a los receptores del saludo y al saludo en sí mismo, ahora nos corresponde identificar al autor o los autores del saludo. Veremos que se trata de tres personajes celestiales.
Primero, el Padre. En el versículo 4 dice: “del que es y que era y que ha de venir” Esta es una referencia al Padre celestial. Él es Jehová, el eterno YO Soy, el que existe por sí mismo, el que no tiene principio ni fin, aquel a quien el paso del tiempo no tiene ningún efecto. Es el mismo ayer, hoy y mañana. Él es quien conoce el futuro como si fuera el pasado.
Segundo, Junto a Él está otro personaje igualmente grandioso y ciertamente conocido por Usted. Al final del versículo 4 dice: “y de los siete espíritus que están delante de su trono” Esta es una manera simbólica de hablar del Espíritu Santo en toda su plenitud. Este símbolo nos lleva de regreso en el tiempo al libro del profeta Isaías, cuando hablando del Espíritu Santo nos lo presenta en sus siete funciones. Dice así en Isaías 11:2 “Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.” El número siete es un número cargado de simbolismo. Representa perfección, plenitud, cuando Juan nos habla de siete espíritus nos está mostrando la perfección de la persona del Espíritu Santo y la plenitud de su poder. El Espíritu Santo está delante del trono del Padre. ¿Se ha preguntado por qué? La razón es porque el Espíritu Santo ha sido siempre la persona de la Trinidad que se ha encargado de ejecutar la voluntad de la Deidad.
Tercero, tenemos a otro personaje que desde la eternidad pasada compartió la gloria con el Padre y con el Espíritu Santo. Efectivamente, es el Hijo, el Señor Jesucristo. Como Apocalipsis es la revelación de Jesucristo, no es extraño que la descripción de Jesucristo sea la más extensa y detallada. En primer lugar, se nos presenta como el testigo fiel. La primera parte del versículo 5 dice: “y de Jesucristo el testigo fiel” Jesucristo es el testigo fiel, no un testigo fiel. Ningún testigo ha sido tan fiel como Jesucristo. Él es único, un testigo es aquel que habla lo que vio, eso es lo que hizo Jesucristo en este mundo, habló lo que vio, nos dio a conocer a su Padre. Su testimonio fue tan fiel, tan certero, que oír a Él es como oír al Padre, ver a Él es como ver al Padre, creer en Él es como creer al Padre y ciertamente, rechazar a Él es como rechazar al Padre. Pero además, Jesucristo es el testigo fiel porque fue obediente hasta la muerte. Como el testigo fiel, Jesucristo realiza la función de profeta, en segundo lugar, se nos presenta como el primogénito de los muertos. Eso es lo que tenemos allí a continuación, en el versículo 5. Esto significa que Jesucristo es el primero en recibir un cuerpo resucitado en estado de inmortalidad gloriosa. Por tanto, de entre todos los que reciban cuerpos glorificados en la resurrección; Jesucristo es el más importante, el preeminente. Como tal, está a la diestra del Padre abogando por todos los que creen en él. Como primogénito de los muertos, Jesucristo realiza la función de sacerdote. En tercer lugar, Jesucristo se presenta como el soberano de los reyes de la tierra. Eso es lo que tenemos allí en el versículo 5. La tierra siempre ha tenido hombres poderosos, muchos de ellos han llegado a ser reyes de la tierra. Pero sobre ellos está alguien que es soberano. Esto significa alguien que ejerce o posee la autoridad suprema e independiente. Alguien que está por encima de todos, alguien excelente, alguien que no puede jamás ser superado.
Las tres primeras características nos presentan a Jesucristo como profeta, sacerdote y rey. Pero la descripción del Hijo no se detiene aquí. En cuarto lugar se nos presenta a Jesucristo como nuestro Salvador. Apocalipsis 1: desde la parte final del versículo 5 y el versículo 6 dice: “Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.” Usted y yo que somos creyentes, fuimos amados por el Hijo desde la eternidad pasada. En su momento, el Hijo se hizo carne y habitó en este mundo. A lo suyo vino, pero los suyos no le recibieron. En el cumplimiento del tiempo, Jesucristo fue crucificado y derramó su preciosa sangre con la cual nos lavó de nuestros pecados. Una vez lavados nos constituyó reyes y sacerdotes para Dios su Padre. A los ojos de los hombres no somos nada y por eso el mundo nos desprecia. Pero a los ojos de Dios somos reyes y sacerdotes. Como reyes, reinaremos juntamente con el Rey de reyes. Como sacerdotes podemos entrar cuantas veces queramos y cuando queramos al trono del Padre celestial. Al pensar en esto, lo único que cabe es expresar alabanza y adoración al Hijo. Eso es justamente lo que hizo Juan. Dice: A él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Apocalipsis I (1 al 3)

El pasaje bíblico para hoy se encuentra en Apocalipsis 1 del 1 al 3. Este pasaje bíblico forma el prólogo del libro de Apocalipsis y en él encontramos valiosa información para la cabal comprensión de lo que viene a continuación. Es necesario que nos hagamos algunas preguntas. La primera pregunta es la siguiente: ¿Con qué tiene que ver el libro de Apocalipsis? La primera parte del versículo 1 responde esta pregunta de la siguiente manera: “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio” Apocalipsis tiene que ver con Jesucristo. Más concretamente es la revelación de Jesucristo. La palabra revelación, es la traducción de la palabra griega apocálupsis de donde se deriva el nombre del libro en la versión Reina Valera. Esta palabra describe la acción de descorrer un grueso y oscuro velo para poder ver lo que está detrás de él. El libro de Apocalipsis hace justamente eso, corre un grueso y oscuro velo para permitirnos ver a Jesucristo de una manera que nunca jamás ha sido visto. Los evangelios son la revelación de Jesucristo en su primera venida, allí vemos al Dios hombre naciendo en un pesebre, lo vemos creciendo en el humilde hogar de un carpintero y su fiel esposa, lo vemos andando por polvorosos caminos acompañado de hombres sin letras y del vulgo, lo vemos incomprendido y despreciado, rechazado, traicionado y finalmente crucificado.
Al final de su existencia apreciamos un atisbo de su gloria. Jesús venció la muerte y ascendió a la gloria que antes tuvo con su Padre.
Hasta aquí llega la revelación de Jesucristo contenida en los evangelios, pero llega Apocalipsis y allí la situación es enteramente diferente, la revelación de Jesucristo adquiere una nueva y diferente dimensión ya no es la revelación de una persona en humillación, es la revelación de una persona en gloria. Allí vemos a Jesucristo como el Señor en medio de las iglesias, lo vemos como un Cordero en medio del trono de gloria, como un león derribando a su presa en medio de las naciones, como un esposo en medio de su ceremonia nupcial y lo vemos como luz refulgente en medio de su gloria. Es la revelación de Jesucristo. Además el texto dice que todo esto es algo que Dios dio a Jesucristo. Es la recompensa que Jesucristo recibió como fruto de su humillación hasta la muerte. El camino a la exaltación pasa primeramente por el valle de la humillación.
La segunda pregunta que nos planteamos es la siguiente: ¿Para qué fue dado el Apocalipsis? La respuesta la encontramos en medio del versículo 1 cuando dice: “Para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”. En su estado glorificado, Jesucristo está en capacidad de manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto, el mensaje del libro de Apocalipsis no es para cualquier persona, está dirigido exclusivamente a los siervos de Jesucristo esta es la razón por la cual las personas incrédulas, quienes no son siervos de Jesucristo, están incapacitadas para entender el mensaje del libro de Apocalipsis. Lo que Jesucristo manifiesta a sus siervos son las cosas que van a suceder pronto, esto no necesariamente significa que estas cosas van a suceder inmediatamente después que fue escrito el libro de Apocalipsis, lo que significa es que cuando comiencen a suceder, el curso de los eventos será rápido.
La tercera pregunta que debemos hacernos es ¿Cómo fue dado el libro de Apocalipsis? La última parte del versículo 1 y el versículo 2 responden a esta pregunta. Dice así: “y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.” El mensaje que aparece en el libro de Apocalipsis se originó en Dios el Padre, quien lo confió a su Hijo Jesucristo, el cual lo entregó a un ángel, cuya identidad no se menciona, para que sea comunicado al siervo de Jesucristo el apóstol Juan. Fue Juan quien ha dado testimonio de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo, esto nos recuerda la obra de Juan al escribir el Evangelio que lleva su nombre. Fue también Juan quien da testimonio de todas las cosas que ha visto, esto nos recuerda la obra de Juan al escribir su primera Epístola, esta fue la manera como se escribió el libro de Apocalipsis, el cual una vez traducido ha llegado a nuestras manos para traernos bendición y esperanza.
La cuarta pregunta que debemos hacernos es: ¿Qué efecto tiene el libro de Apocalipsis en los que lo leen y lo oyen? La respuesta aparece en el versículo 3 donde dice: “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.” En este versículo encontramos una bienaventuranza. Ser bienaventurado significa ser extremadamente feliz. ¿Quién es bienaventurado? ¿Quién es extremadamente feliz? Bueno, a los ojos de Dios, desde la perspectiva de lo eterno, la persona bienaventurada o extremadamente feliz, no es la que tiene dinero por millones o grandes posesiones, o fama, o poder, o excelente salud o diversión a raudales, la persona bienaventurada o extremadamente feliz, puede ser Usted o yo, con la sola condición que cumplamos con tres requisitos claramente expuestos en el texto. Primer requisito, que leamos el libro de Apocalipsis. Esto es maravilloso. Con solo leer este bendito libro, Usted es catalogado por Dios como bienaventurado. ¿Por qué? Pues porque como ya señalamos anteriormente, en este libro, Usted va a poder mirar lo que está detrás de un grueso y obscuro velo. Algo que no muchas personas están en capacidad de ver. Usted verá al Señor Jesucristo en toda su gloria. Además Usted recibirá información relativa a las cosas que están por suceder pronto. Esto es algo que los periódicos no lo pueden publicar, algo que los científicos no lo pueden anticipar. Pero es algo que el Apocalipsis si nos da a conocer. Cada libro de la Biblia trae bendición a quien lo lee de corazón, pero Apocalipsis es el único libro de la Biblia que expresamente señala que los que lo leen son bienaventurados o supremamente felices. El segundo requisito es oír las palabras de esta profecía. Esto es una referencia a entender lo que dice este libro. El Espíritu Santo está más que dispuesto a ayudar a entender lo que este libro dice, a todo el que con sinceridad quiera entenderlo. El tercer requisito es guardar las cosas escritas en la profecía. La palabra de Dios en general y el libro de Apocalipsis en particular ha sido dada al hombre para que conozca la voluntad de Dios y se someta a esa voluntad. De nada sirve leer la Biblia, entender su mensaje, y hacer todo lo opuesto a lo que la Biblia dice. Es necesario guardar las cosas que se han escrito en la Biblia. Como resultado habrá tremenda bendición para los que así se conduzcan. ¿Quiere Usted ser catalogado por Dios como bienaventurado, o extremadamente feliz? Lea el libro de Apocalipsis. Si no entiende todo lo que lee, no se detenga, siga leyendo. Algún momento Dios mismo se encargará de poner en claro todas las cosas. Además oiga lo que otros leen de este libro o explican su contenido. Compare lo que ellos dicen con lo que dice su Biblia. Luego sométase voluntariamente a lo que dice este libro. Es la fórmula garantizada para ser bienaventurado o extremadamente feliz. Hemos visto que el libro de Apocalipsis es un libro único. Único por su contenido, único por su propósito, único por la forma como llegó a nosotros y único por los beneficios que otorga a los que lo leen, lo oyen y guardan lo que allí se dice. El autor pone su sello en su prólogo con las palabras que aparecen al final del versículo 3: “porque el tiempo está cerca” Esto debe ser un lema para todos los que amamos al Señor Jesucristo. Esta muy cerca el tiempo cuando Jesucristo venga por segunda vez y se cumpla todo lo que ha sido profetizado en el libro de Apocalipsis. Si estuvo cerca cuando Juan escribió el Apocalipsis, hoy, cuando han pasado como 2000 años, está mucho más cerca. Podría ser hoy. Cuánto más entonces tenemos que atesorar este bendito libro. Vivamos hoy como si Jesucristo viniera mañana. O puesto de otra manera. Vivamos hoy como si este fuera nuestro último día sobre la tierra.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Introducción al Estudio de Apocalipsis

A partir de hoy vamos a estudiar uno de los libros más interesantes del Nuevo Testamento, pero a la vez, uno de los libros menos leídos por una inmensa mayoría de creyentes. Se trata del libro de Apocalipsis.
Apocalipsis significa revelación, es la acción de quitar el velo para que se pueda contemplar algo que había estado oculto. Este nombre se deriva del título que aparece en la versión griega de este libro. El título completo del libro en la versión griega es “Apocalipsis de Juan” Este título se presta a algo de confusión, porque leído ligeramente daría a entender que el libro revela cosas ocultas acerca de Juan. Felizmente el mismo libro en su primer versículo se encarga de clarificar este asunto cuando dice que el libro presenta el Apocalipsis o la revelación de Jesucristo, mas no de Juan. El libro de Apocalipsis presenta a Jesucristo de una manera jamás antes conocida por el hombre. Dicho esto, consideremos el asunto del autor del libro. Como Usted sabe, el libro de Apocalipsis es un libro revelado e inspirado por Dios. Esto significa que Dios, a través de su espíritu, puso en la mente del autor humano lo que debía comunicar a otros. Posteriormente, Dios mismo se encargó de que esta información en la mente del autor humano, sea puesta en forma escrita de una manera precisa para beneficio de los lectores. Esto se conoce como la inspiración verbal y plenaria de la Escritura. Respetando la identidad propia del autor humano, Dios se encargó de que cada palabra que el autor humano escribió, sea exactamente lo que Dios quería que sea. Pero ¿quién fue el autor humano? Bueno el mismo libro se encarga de contestar esta pregunta. Apocalipsis 1:4 dice: “Juan, a las siete iglesias que están en Asia, Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono” Sabemos que el autor humano es un hombre llamado Juan. Lo mismo se puede apreciar en Apocalipsis 1:9 y en Apocalipsis 22:8 Pero deben haber habido muchos hombres temerosos de Dios llamados Juan. ¿De qué Juan estamos entonces hablando? Bueno, el hecho de que no se den detalles en cuanto a la identidad de este Juan, nos hace pensar y de hecho es así, que este Juan debió haber sido ampliamente conocido por los que leían el libro, al punto que no hacía falta de más datos para saber quien era. Solamente Juan el apóstol cumple esta condición. Por esto, tradicionalmente se ha identificado al autor humano del libro de Apocalipsis como Juan el apóstol. En cuanto a la fecha de escritura, se hace claro en el libro que debió haber sido escrito en un período en que los cristianos estaban sufriendo severa persecución en manos de los romanos. Hay quienes sostienen que el libro pudo haber sido escrito durante la persecución que Nerón desencadenó en contra de los cristianos, después del incendio de Roma en el año 64 DC, sin embargo, la fecha más probable de escritura se sitúa en la época de la terrible persecución bajo el mando de Domiciano quien fue emperador desde el año 81 hasta el año 96 DC. Por esto se da por sentado que el libro de Apocalipsis debe haber sido escrito entre los años 94 a 96 DC. Escribiendo en el siglo segundo, Ireneo declara que el libro de Apocalipsis se escribió al final del reinado de Domiciano. Esto se confirma en los escritos de Clemente de Alejandría, Orígenes, Eusebio y Jerónimo. En cuanto a la interpretación del libro, existen cuatro principales puntos de vista. Los idealistas quienes ven a las imágenes de una manera no literal. Las ven como símbolos de verdades espirituales eternas. Desde su perspectiva, el libro es una profunda ilustración de la victoria del bien sobre el mal. Los preteristas, limitan el significado del libro a los lectores del primer siglo, cuando se escribió el libro. Dicen que las imágenes representan cosas del primer siglo como el césar, Roma y la persecución. Creen que todos los eventos presentados por el apóstol son hechos que tuvieron ya lugar en el primer siglo. Los historicistas, quienes ven al libro de Apocalipsis como un panorama de la historia de la iglesia desde los días de Juan hasta el final de los tiempos. Para las personas que piensan así, por ejemplo, las iglesias en los capítulos 2 y 3 describen siete períodos de la historia de la iglesia. Los futuristas quienes ven al libro de Apocalipsis, especialmente los capítulos 4 a 22 como una ventana al final de los tiempos. Dicen que las varias imágenes representan a personas y eventos que tendrán su importancia al final del drama de la historia de este mundo
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